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Cuando el duelo se hace presente en lo cotidiano

  • Foto del escritor: Daiana Agostina Sanchez
    Daiana Agostina Sanchez
  • 18 mar
  • 2 min de lectura

Atravesar un duelo implica entrar en un proceso que no responde a reglas ni a tiempos definidos, y que se manifiesta de formas distintas en cada persona. Esto significa que no es lineal ni predecible y puede irrumpir en medio de la rutina y recordarnos que la ausencia deja huellas profundas tanto en el cuerpo como en la vida cotidiana. También puede presentarse de manera fragmentaria y errática, apareciendo cuando todo parece estar bajo control: en la fila del supermercado, en una carcajada compartida o en medio de la rutina diaria. De este modo, funciona como una especie de alarma silenciosa que recuerda que algo de nosotros ya no está donde antes permanecía.


Al despertar, el cuerpo puede sentirse exhausto y atravesado por una extrañeza difícil de nombrar, como si faltara algo esencial para que todo continúe su curso. No se trata solo de una vivencia emocional, sino también corporal. A partir de allí, la angustia comienza a crecer en silencio con el paso de las horas, mientras sostener la rutina se vuelve difícil y el día parece desarmarse. En ese escenario, la calma solo se encuentra en la quietud del hogar.

Además, el sueño puede no llegar y la ansiedad no ceder, dando lugar a un llanto desgarrador y a un vacío profundo en el pecho, que a veces duele incluso más que en los primeros días de la pérdida. En ocasiones, también aparecen momentos que remiten directamente al instante de la pérdida, evocando la intensidad del impacto inicial y reactivando un dolor que parecía insostenible.


Quizás uno de los aprendizajes más profundos del duelo sea aceptar su complejidad: permitir que duela, habitar los vacíos y reconocer que la ausencia también abre la posibilidad de descubrir nuevas formas de continuar. Aunque fragmentado, el duelo puede dar lugar a una vida en la que la memoria, el afecto y la historia compartida permanecen, y en la que cada pequeño gesto de cuidado hacia uno mismo se convierte en un paso hacia adelante.

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